Toxicity.

Siento la necesidad de escribir. De gritar, de llorar, de liberarme. Hice esto para escribir sin tapujos, y cada vez me controlo más por miedo a no decir lo correcto. ¿Dónde está el sentido? La verdad es que miro atrás y me doy cuenta de la razón que tenian al decir que no merecía la pena que diera tanto por los demás. Y es cierto. Y como siempre, me doy cuenta tarde, y me cabreo. La diferencia es que ahora me cabreo y se lo digo a otras personas, que al no conocer a nadie de mi círculo, me escuchan y me siento relajada. Antes me lo callaba y eso se notaba.

Me encanta la gente que va de graciosa y les falta el tiempo para reírse de los defectos ajenos, o tachar tus preocupaciones de nimiedades, y que cuando tú intentas ser graciosa diciendo un comentario sin ánimo de ofender sobre algún defecto, se indignen. Y sus preocupaciones siempre son mayores. Ah, disculpen, señoritos.

Me encanta la gente que quiere distanciarse de ti porque dan por hecho que no les caes bien, pero que se acercan cuando necesitan cosas. Que grande es el interés. Y claro, yo como una tonta, por el hecho de acercarme, lo hago. Pues ya no me apetece seguir haciéndolo.

Me encanta la gente falsa. La gente tóxica, dañina.

Aunque… lo bueno de alejarte de la humanidad en general, es que también te alejas de la toxicidad.

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