Chuck
25 oct 2011 Dejar un comentario
in General Etiquetas: Él., Felicidad.
Sé que lo mío con esta serie roza la obsesión, pero decididamente esta es mi serie favorita. Porque sabe divertirme, mantenerme en tensión, llorar de la emoción o de tristeza, mezclar acción, comedia y drama en sus proporciones exactas.
Pero lo que más me gusta… SIN DUDA… Charah. Walkertowski. Chuck Bartowski and Sarah Walker. Porque no me cansaré nunca de ver sus vídeos en youtube, o de ver el último capítulo de la cuarta temporada y seguir igual de emocionada que la primera vez.
Y ya te lo dije… Y es que cada vez que veo sus sonrisas me recuerdan a nosotros. Vale que nuestra vida sea mucho más normal, que no tengas un intersect metido en la cabeza ni yo sea una super espía de la CIA, pero… si siento que la magia es la misma… ¿Entonces qué más me da? Al final, puedo resumir lo que siento en las mismas frases.
Chuck, you’re a gift. You’re a gift I never dreamed I could want or need and everyday I will show you, that you’re a gift that I deserve. You make me the best person I could ever hope to be. And I want to spend and learn and love the rest of my life with you.
Right. My vows. My turn. This is some kind of I’m sorry Sarah. How do I express the depth of my love for you? Or my dreams for our future. Or the fact that I’ll fight for you every day. Or that our kids will be like little superheroes with little capes and stuff like that. Words can’t express that. They don’t do justice. They just dont cut it. So no vows. I’ll just prove it to you every day for the rest of our lives. You can count on me.
En resumen…. Whatever, anything, always. Every time I look at you. It’s the most beautiful place I have ever been.
Alma gemela
10 oct 2011 Dejar un comentario
Tenerte tan integrado en mi vida, que pierda la noción el tiempo que llevamos juntos.
Estar tan unidos, que pensemos lo mismo y se nos contagien las emociones.
Dormir tan pegados, que nuestros corazones sigan el mismo compás.
Quererte tanto, que no pueda imaginar una vida sin ti.
489 estrellas.
Bye.
04 jun 2011 Dejar un comentario
in General Etiquetas: Él., Ellos., Felicidad.
Nueve de la mañana, suena el despertador, y a las diez ya estoy estudiando. Pausa para comer, y a las cuatro los libros vuelven a estar abiertos.
Estos días tan cansinos de estudio intensivo hacen que me dé cuenta de todos los buenos momentos, que aunque hayan sido breves o banales, me han alegrado el año. Ahora cuando estudio no puedo enseñarle a nadie las cosas que me hacen gracia, como descubrir que el estudio de las rocas se llama pedología. Desbloqueo mi móvil, y veo esa foto vestidas de hawaianas, agarrando (lo siento Ana) al mejor profesor que he tenido jamás, que no volveré a ver. Y todas las tonterías que hicimos este año, no las podré recordar el año que viene. Cuando me venga algo a la mente que me haga reír y me pregunten el porqué, no podré contestar: Te acuerdas de cuando pasó esto? Y que me contesten que sí, y compartan la risa conmigo. Y pensar que el año pasado miraba el colegio con desprecio, y este año, después de nuestro monôme, estuve a punto de llorar. Este ha sido un gran año, con una gran clase. Aún queda vernos en el bac (que días más fatídicos) y en la graduación, que tantos quebraderos de cabeza está causando con respecto al vestuario, que no sé cuantas veces ya habré dicho: Yo me pondré el vestido de Nochevieja!
Este año ha sido muy contrastado. Ha sido duro por muchas cosas. Los estudios, los scouts, la muerte de mis dos abuelos… Pero se compensa por la presencia de mi personita, siempre a mi lado, y el descubrimiento de personas que quiero conservar a mi lado.
6º10. 5º3. 4º6. 3º2. 2º2. 1S1. TS4.
Dentro de unos días terminará oficialmente mi etapa colegial, que ha terminado con mi año como Terminale (y mira que suena mal, como si nos fuéramos a morir), y siempre pendiente de los annales para preparar el bac. (Que para nosotros es una palabra de lo más normal, pero la gente me sigue mirando muy raro cuando digo que he estado haciendo annales toda la tarde).
Adiós liceo.
Príncipes y princesas.
01 feb 2011 1 comentario
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Érase una vez. Así comienzan la gran mayoría de cuentos infantiles que nos acompañaban durante las noches de nuestra infancia. Y prácticamente siempre se repetía la misma historia, cambiando ligeramente las situaciones, el peligro, el grado de nobleza… Siempre había una dama en apuros, y un apuesto príncipe dispuesto a dar su vida por salvarla. O un príncipe que debía escoger pretendiente y finalmente ignoraba toda clase de riquezas, para seguir a su corazón y elegir a alguien a quien amaba. Con ese feliz final, dibujábamos una gran sonrisa y nos dormíamos. Al fin y al cabo.. ¿quién no ha soñado nunca con encontrar a “su príncipe azul”? Un hombre totalmente enamorado, dispuesto a todo con tal de hacerte feliz, protector, amable, sincero, cariñoso… De pequeñas todas soñamos con encontrarlo. Según vamos creciendo nos hacemos a la idea de que no existe, que todo es fruto de un cuento, de una fantasía. Ahora las películas no tratan del amor por encima de todo. Ahora reina la fama, las ganas de ser adultos. Las niñas ya no sueñan con su príncipe, sino que ansían calzarse sus primeros tacones y pillar al primero con el que se crucen. Quieren ser mayores.
¿Dónde se quedaron las ganas de ser una princesa? Pero una princesa de verdad, no na de esas nuevas, que son esqueléticas y vomitan. Una princesa enamorada, y no de su imagen. Esa princesa está obsoleta. ¿Por qué disfrutar de la infancia pudiendo adelantar un comportamiento adulto, alejado de la madurez? Luego nos arrepentimos y deseamos volver a ser niños.
Las princesas ya no llevan largos vestidos de noche, llevan minifaldas, taconazos y prendas que dejan poco lugar a la imaginación. Esas princesas cada vez son más pequeñas. Su reino ya no está lejos, inalcanzable para el resto. Ahora está en todas partes.
Las ganas de crecer mataron a aquellas princesas. La hiperrealidad mató a la fantasía.
Yo ya no soy aquella niña… Y de hecho, nunca fui una niña muy apegada a las princesas Disney. Me resultaban muy cursis. Y ahora, veo las películas sin cansarme. Porque dentro de mí sigue estando aquella princesa que no salió. Y no perdió la esperanza. Y aquella niña creció y encontró a alguien que la quería, que la mimaba, la protegía, sabía que daría todo por verla sonreír y estaría dispuesto a marcharse lejos con tal de estar con ella. Los dos solos y que nada más importara. Y fue entonces cuando nacieron las ganas de ponerse un vestido… en una chica que solía odiar no llevar pantalones. Y fue como aquella princesa guardada durante toda la infancia salió. Y con ella, la felicidad asociada, aquella de las niñas pequeñas que sonríen al imaginar un futuro junto a su príncipe.
Dejemos de matar a las princesas. Crecer no siempre es tan divertido.
Los cuerpos celestes también se aman.
17 ene 2011 Dejar un comentario
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¿Conocéis a Evan y Noa? Son unas personas que viven alejadas y se echan mucho de menos. Aprovechan al máximo cada instante que comparten, sea en este mundo o en su propio universo, compartan horas tumbados en la misma cama o segundos robados de un sueño.
Es una injusticia que algo tan bonito sea tan difícil por culpa de la distancia. Pero ellos saben demostrarse todo lo que quieren de otra forma. No falta mensaje o entrada ante un ataque de ñoñitis, y por supuesto el aferrarse a todos los recuerdos. Ayer resultó que tuve que ser la intermediaria de algunos de esos mensajes, y me pareció sorprendente la necesidad que tienen de decirse que se quieren. Quizás sea por la distancia. Porque a lo mejor creemos que sin todos esos gestos a la otra persona se le va a olvidar. Pero no es así. A lo mejor ellos simplemente tienen la necesidad de decírselo tantas veces en substitución a los besos y abrazos que se darían en ese momento. No lo sé, pero de todos modos, es bonito.
Tienen miedo de que la distancia les mate, pero sé que no será así. Son lo suficientemente fuertes los dos para soportar lo que sea. Aunque tengan que refugiarse en estrellas que el resto de humanos no puede ni imaginarse y que seguro que alcanzan un nivel de belleza indescriptible. Sólo ellos saben convertir el brillo de una lágrima de añoranza en un destello de una estrella. La verdad es que son admirables. Yo particularmente sé que no poseo esa fuerza y me parece algo increíble. Yo sobre todo, desde mi posición de mortal ante dos seres que vagan por un universo a su antojo (quizás sea otra hipótesis para el origen de las perseidas) sólo les doy ánimos para que nunca se cansen de hacerlo, hasta que puedan burlar la distancia. Se lo merecen.
Ellos comparten un universo, con todas las estrellas que puedan imaginar, con todas las nebulosas que les apetezca colorear y demás cuerpos celestes. Yo tengo que burlar una distancia mucho más pequeña cada día, pero al fin y al cabo sólo la burlo los fines de semana. Y mientras veo que los muros me separan de él, me imagino que estoy tumbada en un césped que siempre es verde y nunca rasca (siempre está blandito), que está a la orilla de un lago tranquilo y limpio, que nunca tiene el agua muy fría. Sólo lo suficiente para refrescar en las calurosas noches de verano. Allí me tumbo a mirar las nubes o ver las estrellas si es de noche. Sé que él también se refugia allí a veces, y por eso le veo pasar y tumbarse a mi lado, y me da la mano. Lo que es seguro, es que todas las noches cerramos los ojos para transportarnos a una cama mucho más grande en la que dormimos abrazados, que tiene una ventana al lado, desde la que se ve el lago y una luna preciosa que ilumina todo. En ese momento que nosotros nos abrazamos y damos las buenas noches, estoy segura de que pasan dos estrellas fugaces por el cielo, aunque no siempre las vea. Y sí. Son Evan y Noa en su particular forma de irse a dormir. Encontrándose en su universo.
Esto va dedicado a ellos. :)
Ohne dich kann ich nicht sein.
12 ene 2011 1 comentario
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Aquel día ella tuvo un día de colegio especialmente corto. Debido a una reunión de profesores, terminó las clases a las once de la mañana. Tocó el timbre, cogió su mochila, se puso los cascos, y empezó a caminar al ritmo de Rammstein. De camino a casa se paró por Correos a recoger una sudadera de ese mismo grupo, que ya había llegado de Alemania. Sonreía, pues ya tenía completo el regalo. Llegó a casa, se cambió de ropa y se puso esa sudadera recién llegada. Le quedaba enorme, le servía como vestido, puesto que esa prenda no estaba destinada para ella, sino que la había comprado para él. Se la puso porque quería que cuando él la tuviera, oliera a ella. Después de pasarse un tiempo en internet y relajándose, se puso a estudiar. Odiaba la física y maldecía a Newton, pero no tenía otra opción, así que se quedó absorta con los libros. Había pasado una hora y media cuando su móvil vibró. “Bien, ya está de camino” pensó, con una gran sonrisa en la cara, y siguió estudiando. Al cabo de media hora, sonó el timbre.
Era él. Con su gran sonrisa dibujada en su rostro. Cerró la puerta tras él y la abrazó con muchísima fuerza y ternura, como si hubieran pasado años desde la última vez que la vio. En realidad sólo habían pasado tres días, pero para ellos eso era una eternidad. Se debían muchos mimos. Se tumbaron en la cama y empezaron a hablar de cosas sin importancia, mientras se abrazaban o intercambiaban besos. La magia estaba presente en el ambiente. No podían borrar la sonrisa. No pudieron contenerse, y tras los gemidos se sucedieron las típicas risas y los “te quiero” que siempre eran totalmente sinceros. Les gustaba estar tumbados en la cama sin más, mirándose a los ojos, acariciándose y diciéndose cosas bonitas o tonterías. Ese día ella no iba especialmente arreglada, se había hecho una coleta rápida y llevaba ropa cómoda de estar por casa. Él la miró a los ojos y le dijo “Hoy estás muy guapa… Siempre lo estás, pero hoy especialmente”. Ella no sabía que decir. Ni siquiera se había pintado los ojos… Pensó que quizás hoy estaba más guapa porque estaba totalmente feliz y sonriente. Esa frase le hizo especial ilusión, había leído días atrás que se sabe cuando un hombre está enamorado cuando ve bella a su mujer sin maquillar y sin arreglar. Juntos, eran ellos mismos, sin tener que cambiar ni un ápice su personalidad. Encajaban a la perfección, sabían que el otro era su mitad. Entre todos los mimos, ella bajó a su barriga y después de muchos besitos le hizo una gran pedorreta. Le encantaba verle sonreír. Siempre acababan haciendo una pelea de pedorretas. Que infantiles parecían. Pero también compartían esa felicidad despreocupada, como la de los niños pequeños con un juguete nuevo. Pero también con la confianza del peluche que les acompañaba por las noches para evitar pesadillas. Se querían. No se cansaban de decirlo. El tiempo volaba cuando estaban juntos. Eran incapaces de creer que hubieran pasado cuatro horas juntos, hechos una bola, cuando sentían que tan sólo habían pasado diez minutos. Las despedidas dolían. Él se tenía que marchar, ella no quería. Empezaron a retrasar la marcha recordando su amistad. Recordando que meses antes, habían estado en la misma posición, pero ella le había estado consolando. Recordando que tras ese día, ella escribió el libro de sus abrazos recordándole que era una persona única y que le quería, que estaría siempre para él, y no dejarle caer. Ahora, ellos estaban juntos. Las lágrimas afloraron, y empezaron a recorrer lentamente las mejillas de aquella chica. Todo había cambiado tanto… que aún no se creía que hubiera pasado más de medio año. Él, con toda la suavidad del mundo, le secó las lágrimas. Le decía que no le importaba que llorase, pues sabía que eran lágrimas dulces, de felicidad y amor. Ella no podía evitar llorar muchas noches, de añoranza. Abrazaba a su peluche azul con todas sus fuerzas, imaginando que él recibía esos abrazos. Le gustaba dormirse imaginando que estaban compartiendo cama, que tenía unas vistas magníficas al lago de sus sueños. Sabía que algún día se haría realidad.
Llegó el momento. Él no podía seguir esperando y empezó a recoger todo para marcharse. Nunca había tardado tanto en ponerse una sudadera y una chaqueta, pero es que se abrazaban y besaban cada treinta segundos, no lo podían evitar. Después de decirse mil veces que se amaban y que se echarían de menos, bajó las escaleras y salió del edificio. Ella le miraba desde su ventana, y vio que se daba la vuelta. “Bueno, igual prefiere coger el tren mejor que el metro”. Al estar fuera, no oyó sus llamadas ni el telefonillo. Fue su madre a decirle que él se había olvidado las llaves. Con las lágrimas a medio secar, salió a dárselas, sin ningún beso de regalo ni nada ante la mirada de su madre. Sólo un adiós acompañado de una sonrisa. Volvió a salir a la ventana, y ver como se marchaba. Torció la esquina, y desapareció de su visión. En ese momento, las lágrimas que habían ido cayendo silenciosas, empezaron a brotar con mucha más fuerza. Ya le echaba de menos. Sabía que le echaría muchísimo de menos y aunque a él se le partiera el corazón viéndola triste, no podía evitarlo. Lo necesitaba a su lado. Sabía que él sentía lo mismo pero que era más fuerte, y aguantaba las lágrimas. Aquella pobre chica que seguía en la ventana, llorando a todo llorar, estaba totalmente enamorada. Y nunca se había sentido así.
Aquí estoy, con las lágrimas aún brotando. Y sí. Te echo muchísimo de menos.
Ahogada en la bañera.
27 oct 2010 Dejar un comentario
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Hay días en los que no te encuentras del todo bien. Días en los que piensas en darte un baño largo, relajante, con agua muy caliente, intento de espuma, y tu música favorita de fondo. El domingo, me dí uno de esos baños. Y me di cuenta, que siempre que lo hago, me sumerjo entera en el agua ardiendo, notando como la música parece cada vez más lejana y me cuesta abrir los ojos. En cuanto están abiertos, lo único que hago es fijarme en el techo desconchado como algo interesante, y fijarme en cada grieta aunque el agua me impida distinguirla bien. En ese momento, dejo de respirar para que las burbujas no entorpezcan mi visión, y entonces siento una sensación de perfecta armonía con el mundo. Armonía porque estoy totalmente aislada de la gente. Siento todo mucho más lejano físicamente, sólo noto un calor que me abraza con suavidad. Prácticamente, es como si volviera al vientre materno, donde no existían las preocupaciones. Por lástima, esa sensación no es más que una desconexión muy efímera. Al cabo de un minuto, dos a lo sumo, levanto la cabeza suavemente hasta notar la bofetada de aire frío en la cara, y el volumen que ahora me parece criminal de la música azotándome los oídos. Tengo que volver a enfrentarme a la realidad una vez más, y es que esta nunca se ha marchado: por lejanos que suenen, los gritos siguen ahí, y no cesarán hasta que les haga caso.
Días en los que no importa con quien estés, que te sentirás sola. Que sólo una persona es capaz de acompañarte y hacerte sentir bien. Alguien con quien compartir el agua caliente que sale de la ducha, y que al cerrar los ojos te hace sentir dos tipos de calor diferentes, el del agua que fluye y notas como se renueva a cada instante, y el que emana de su propio cuerpo. Ese calor humano constante, que es el más eficaz para erradicar el frío interno que te abruma. Alguien que te arropa con una toalla con toda la delicadeza, como si de envolver un frágil cristal se tratara. Alguien que aparta con dulzura el pelo que dejas caer delante de tu rostro escondiéndolo tímidamente, alegando que es precioso. Alguien capaz de mostrarte toda su ternura después de haberte dejado al borde del desmayo de placer. Alguien capaz de abarcarte completamente con sus brazos y hacerte sentir que no hay ningún mal en el mundo mientras esté él contigo. Alguien con quien pasar las noches bajo el edredón, alternando posturas para dormir: hoy toca apoyar la cabeza en su hombro, y mañana toca dormir abrazados. Alguien que por pequeña que pretendas ser acurrucándote, te haga sentir la más grande, secándote las lágrimas con un nudillo y la mayor de sus sonrisas. Alguien dispuesto a abrazar a un peluche para que duermas mejor imaginando que ese ser inanimado te transmite su cariño. Alguien que sonría nada maś verte. Alguien que siempre te dará abrazos más largos que seis segundos, apretándote contra su pecho. Alguien que siempre intentará robarte o regalarte un beso, según la situación. Alguien que cuando estés contenta, te haga pedorretas o cosquillas. Alguien que cuando tengas frío, hará todo lo posible para transmitirte su calor, soplándote en el cuello para calentarte más rápido. Alguien con quien compartas un lenguaje inventado de palabras sin sentido, que sólo significan el grado de ñoñez en el que te encuentras. Alguien que prepare todo los detalles, encienda todas las velas y elija las canciones adecuadas para hacerte llorar de alegría en un baño romántico. Alguien que te haga degustar la dulzura de la fresa. Alguien que te acaricie el pelo, que te dé la mano al andar, te haga reír, y sobre todo, que te haga feliz. Alguien que inmediatamente después de marcharse, añores como si no le vieras desde hace años. Alguien del que estés enamorada y sepas que él comparte ese sentimiento. Alguien con quien siempre soñaste, que hiciera todos esos gestos que hacen los príncipes azules en las películas.
En esos días en los que anhelas más que nunca a ese alguien, es cuando te sumerges en la bañera sin velas ni compañía y te hundes poco a poco, mientras afloran todos los recuerdos relacionados con tu felicidad. Es cuando te metes rápidamente en la cama, intentando calentarla lo antes posible y acabar con el frío, imaginándote abrazos y agarrando más fuerte que nunca ese peluche azul. Son esos días en lo que sólo piensas en su compañía. Y cada vez que le ves, el sentimiento de esos días se vuelve más intenso, porque cada vez le echas más de menos.
Ahora mismo escribo esto recordando esta mañana. Cada detalle de tu visita. Encendiendo la vela que me regalaste. Y añorándote cada vez más fuerte. Ven.
Globos.
26 sep 2010 Dejar un comentario
in General Etiquetas: Él., Felicidad., Reflexiones.
Para mí, cada persona es un globo. Naces sin aire, como esos globos que aguardan dentro de la bolsa. Y entonces, lo empiezan a inflar. Con cada bocanada de aire sientes que creces un poco más, hasta que sientes que has llegado al límite de presión, y que ese es tu tamaño máximo. En ese momento, separan el globo de su boca y le hacen un nudo para poder jugar con él. Sin embargo, el aire siempre consigue escaparse poco a poco, sin que te des cuenta, formando arrugas a esa esfera de goma que cada vez se hace más pequeña. En ese momento, lo tiras, marcando el final de la vida de un juguete efímero.
Yo me siento como un globo al que le han quitado ese nudo. Mi tamaño aumenta hasta límites insospechados cuando estoy con él. Él me da el aire que necesito, y me hace elevarme como si tuviera helio. Es por eso que, cuando se marcha, siento como me desinflo poco a poco hasta quedarme pequeñita, a la espera de que alguien me vuelva a hinchar. Nunca tengo que esperar demasiado para volver a sentir el aire entrando con fuerza, y por eso soy feliz.
Escribo esto estando lejos de su lado. Como un globo pequeñito, desinflado. Pero sé que seré un globo enorme dentro de poco. Y si algún día este globo se tira a la basura, no será porque sea un pedazo de goma lleno de arrugas, anudado e inservible, sino porque de tanto aire y tanta fuerza, habrá explotado con toda su energía.
Me apetecía escribir, porque cada vez te echo más de menos y se hace más difícil no estar a tu lado. Porque sé que cuando estamos juntos, somos invencibles.
92.
09 sep 2010 Dejar un comentario
in General Etiquetas: Él., Felicidad.
Sé que llego un día tarde, pero sabes que no tuve tiempo ayer para escribir.
Ayer cumpliste diecinueve años, y pasaron tres meses desde aquel beso. Pasaron tres meses desde que empezamos a subir la cuesta hacia lo más alto, y no hemos parado ni un sólo día de andar, cogidos de la mano. No sé muy bien que decirte puesto que ya sabes todo, pero me tendré que repetir..!
Me acuerdo de cuando hablábamos largo y tendido sobre la felicidad, sobre su origen, sobre sus grados… Y sabíamos que residía en alguien y nos frustraba no obtenerla. Me acuerdo de decirte que no había que buscar y que la mayoría de las veces estaba enfrente nuestra personita. Y era cierto. No es que estuviera enfrente, es que llevaba teniéndola a mi lado dos años. Sabes cual es mi felicidad y cuales son los grados. Sabes que el momento que más me hará hacerme bolita al recordarlo será ese baño con velitas y “Invincible” y “I don’t want to miss a thing” de fondo. Sabes que no hay sensación que me haga sentir mejor que cuando duermo apoyada en tu pecho, escuchando tu corazón latir con un ritmo relajante, que me acuna y me proporciona tanta paz y tranquilidad que el sueño me va invadiendo poco a poco, mientras me acurruco para hacerme más pequeñita y abrazarte mejor. Sabes que en ese momento no necesito pensar que estamos en un lago especial donde el césped es verde y está blandito, puesto que el escenario me resulta algo totalmente superficial, teniéndote a ti. Sabes que lo que me hace sonreír por las mañanas, nada más levantarme, es leer tu mensaje de cuando te acuestas, porque siempre lo haces después que yo. Pero sabes que lo que más me hace sonreír es verte, abrazarte, y darte un beso. Lo que más me hace sonreír es tocarte el ombligo mientras digo shium! y abrazarte por detrás mientras andamos en modo ortopédico por la calle. Me hace feliz despertarme, abrir los ojos y ver tu carita mientras aún duermes, y aunque esté adormilada, luchar contra el sueño para mirarte dormir. Me hace feliz darte besos bajo el agua, aunque nos cueste, y hacer amagos de volteretas acuáticas a dos. Pensar en ti me hace ser más risueña, pero lo hace aún más pensar en los posibles secuestros y lo que haríamos, mientras lo decimos con voz de niños buenos. Sabes que me da igual que me llamen ñoña por dormir abrazada a Stitch, habiéndole echado tu desodorante antes, porque sabes que así dormiré con una gran sonrisa. Sabes que cuando me siento pequeñita, me sacas una sonrisa haciéndome ver que así soy más abrazable. Sabes como hacerme sonreír siempre, aunque me parezca imposible, porque sabes que lo que necesito en esos momentos son mimos y siempre me los das. Sabes que me encanta hacerte pedorretas y por eso te dejas. Sabes todo sobre mí, desde hace mucho tiempo. Pero sólo desde hace tres meses y un día descubriste como hacerme feliz. Y es que, para ello, sólo necesito un beso y una mirada cómplice ;)
Desde hace 93 días me levanto sonriendo, recordando todos nuestros momentos. La ñoñitis, la maldad, las peleas de cosquillas que dejan los pantalones verdes, las siestas, el estar piel con piel, ver pelis acurrucados, correr entre aspersores, hacer el tonto en el agua, cogerte la mano, mandarte mensajitos, darte besos estúpidos en la nariz, tocarte el ombligo, intentar morderte un dedo, acariciarte el pelo, acurrucarme en tu huequito, hacernos bolita, mirarnos, y dormir juntos. Cada día me levanto sonriendo porque pienso que es un día más, contigo.
Feliz cumpleaños amor (un día tarde), así que hoy en lugar de 92 estrellitas, añade una de las diez que te regalé, y pon 93 en esa taza de Jack ;) Eres mi personita, mi cosita (que es mejor que la tuya) y mi Pon :) Te quiero :D
Vuelta a empezar.
01 sep 2010 2 comentarios
in General Etiquetas: Él., Tristeza., vista atrás.
El curso anterior fue duro. El final, se me hizo imposible. Las cosas no marchaban bien y eso se notó en mis resultados. En realidad, las cosas iban horriblemente mal. Pero alguien me prometió que el ocho de junio empezaría la cuesta hacia lo más alto, después de haber saboreado un poquito la libertad. Y tenía razón. Empezó la cuesta hacia lo más alto. Subí a una velocidad vertiginosa, tanto que me daba miedo mirar abajo y ver lo que dejaba atrás. Sólo me preocupaba de subir, disfrutar, cogerle la mano y seguir subiendo con una gran sonrisa. Eso hizo que este verano fuera increíble a su lado. Hoy, se termina. Sé que voy a seguir subiendo la cuesta hacia lo más alto, pero he tenido que volver muy cerca del suelo. Volver a la rutina. Volver a la soledad de 9 a 18. Llegar a las 8.30, ponerme los cascos y sentarme en un pasillo a evitar al mundo. A que la gente me mire y me reconozca como la niña que les da un poco de miedito porque consideran “gótica/hardcore/heavy/…”. Vuelvo a la rutina de las cosas insulsas, de la gente que no aporta nada, sino que decora su caparazón de la última moda o de la forma para destacar como el que más, estando totalmente vacío por dentro. Vuelvo al agobio de las clases, de los exámenes, y de tener que estudiar como una loca para poder intentar meterme en medicina, algo cada vez más lejano. Sin embargo, esta vez soy de las mayores. Me habría gustado marcharme, pero no tuve el valor de decir que no me sentía agusto, como hizo mi hermano. Y aquí estoy, la víspera de comenzar mi último curso en el prestigioso pero apestoso Liceo Francés de Madrid.
No quiero bajar de mi nube. Tan sólo quiero tumbarme en la cama, hacerme una bolita lo más compacta del mundo, cerrar los ojos y sentir que me abrazan por detrás. Sólo quiero desaparecer de aquí, que cuando digo en broma que me secuestre, sea una realidad, y escapar, como en El Ilusionista. Quiero poder disfrutar de mi felicidad sin tener que sumergirme entre libros, ignorando miradas y caminar rápidamente para volver sola en metro. Quiero tiempo para mí. Quiero poder gastarlo en estar con él. Quiero ser ese peluche al que abraza.







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